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jueves, 31 de agosto de 2017

“VERSOS EXTRAVIADOS”

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autoría reservados)



Han puesto chasquidos de piedras, tintineo de monedas, voces de calumnia y mentira en mi camino. Intentan evitar que lleve a cabo la misión que se me encomendó: Entregar los mensajes que me dicto “EL GRANDE
-¡No te quejes! Eres león, ellos… simples hienas. Por eso ríen cuando no amerita risas; envidian el brillo que te da la luz que estigmatiza a los diferentes; tu mirada les asusta, y tu ruido les perturba, pues no lo entienden…
- Pero… Soy el portavoz de un alarido que quizás no debió ser gritado aún. No sé si tenga fuerzas para continuar mi rol de eco…
-Lo harás, lo harás… El camino que estás haciendo con tu andar, en su momento servirá de piso, para que los intolerantes de ahora retocen. El “SENDERO PARA VOCES MUDAS” ya tiene tus huellas.
- Déjame descansar.
-¡No amigo mío! Debes levantarte ahora mismo y continuar; esas hienas quedaron atrás pero aparecerán fieras y envidias nuevas.




       (Pieza única. Año 2011. Medidas: 80 X 63 cms. Precio $.600 dólares americanos)

viernes, 25 de agosto de 2017

"COMO SE GESTA UN DEMENTE"

Novela autobiográfica de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, reservados)

CapítuloIII





Económicamente la familia había progresado muchísimo cuando hubieron ocurrido estos hechos. “Papá Vicente” se había valido de sus conocimientos como para-médico y con el respaldo de un amigo médico se dedicaba a curar enfermos, poner inyecciones y atender los alumbramientos de cuanto niño venía a la vida dentro de la comunidad. Por aquellos tiempos ningún médico se atrevía a venir a vivir a la zona por lo cual él era el ángel que salvaba vidas y brindaba salud a quienes se lo requerían.
“Papá Vicente” trabajaba muy duro, era usual que casi no durmiera pues la demanda de sus pacientes era apabullante y por ello, con mis catorce años de edad, me vi obligado a aprender a suturar heridas, aplicar inyecciones y asistir en los partos que mi padre atendía, muchas personas que actualmente bordean los cuarenta años fueron niños que vinieron al mundo en mis manos.
Lamentablemente lo acontecido con mi hermano Carlos Miguel me sumió en una profunda depresión que me llevó a recluirme en mi dormitorio por espacio de un año; abandoné los estudios por ese lapso, sólo salía de aquella habitación para comer. Mientras comíamos, el silencio y la tristeza reinante eran tan densos y pesados que los tres que quedábamos apenas atinábamos a mirarnos con los ojos llorosos. La comida me sabía a nada, los sabores se habían esfumado entre el tiempo y los recuerdos inútiles e incapaces de reponer en la silla vacía la presencia del cuarto miembro del clan. Luego de cada comida, los tres restantes volvíamos a nuestra fantasmal soledad.
Fue por aquel entonces que comencé a desarrollar la peculiar habilidad de mentirme a mí mismo y era tan convincente que hasta yo creía estar viviendo lo que en verdad, sólo eran mis fantasías. Esas auto-mentiras me llevaron a tener manifestaciones un tanto esquizoides en las que recibía llamados y mensajes de fuerzas superiores. Empecé a llenar mi dormitorio con dibujos y simbologías extrañas que solía ver entre mi alucinante realidad alternativa que como un demencial arquitecto iba construyendo y edificando para guarecerme de ese inmenso dolor que me torturaba. Sentía que en aquel universo tenía el poder de levitar, cerraba los ojos y automáticamente podía impulsarme y dar trancos enormes que me impulsaban a flotar en el aire, mas cuando el impulso decrecía, caía a tierra y una vez más esos saltos para retornar a mí estado etéreo... Así pasaba el tiempo.
Al cabo de larguísimos meses decidí abandonar mi auto enclaustramiento, tenía una larguísima cabellera y cada vez que me miraba al espejo advertía que irradiaba un halo de luz celeste. Mi propósito de allí en más, era salir al mundo y sonreír, aparentar que en el mundo real, el mundo exterior, yo era feliz; si mis padres me veían feliz, se contagiarían.
Quien atravesó el umbral de mi dormitorio aquella vez, fue un maníaco depresivo que ocultaría su depresión de manera magistral de tal modo que serían muy pocos los acuciosos que me dijeran "Siempre sonríes pero en tus ojos se nota una tristeza muy grande" Aun así, quienes pudieron notar que mi placidez era una farsa, reconocieron que era alguien con mucha luz y que poseía el poder de alumbrar las vidas de muchos de los que me rodeaban.
En aquella época descubrí la precoz habilidad para dibujar que adquirí en mi infancia y que esta podía ser empleada a modo de lenguaje para narrar todas las vivencias que en mis mundos vislumbraba, esos que visualizaba cuando ingresaba a mi universo alternativo que mi subconsciente me brindaba como vía de escape de los demonios que pretendieron apoderarse de mi alma.

Ya era un demente con una amplia sonrisa ficticia capaz de contagiar su luz.
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"En la seta 17"


Aquí quedaste aguardando, sin siquiera saber que esperabas... más, esa ilusión fue tu motivo; esa luz al final de la escalera se empeñó en hacerte vivir ¿Ahora se apagó esa luz? ...No importa. Mientras pueda, día a día tomaré mis pinceles y dibujaré una bella sonrisa en tu rostro. Con ella intentaremos espantar la negrura y el mal olor de nuestros cubículos. Día a día pintaré tus labios en arco... aunque todo sea una farsa, sonreirás para mí… y ambos disfrutaremos lo fingido. 


         (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 63 cms. Precio $.600 dólares americanos)


viernes, 11 de agosto de 2017

"¿DE DONDE VENIMOS, HACIA DONDE VAMOS?"

MONOLOGO (O. Mejía)


Monólogo sobre mi libre pensamiento acerca de nuestra procedencia y destino, para nada tengo, ni siquiera la menor intención de atacar o herir susceptibilidades con respecto a la fe y creencias religiosas de nadie. mi único afán es exponer mi pensamiento libre acerca del tema.