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domingo, 21 de mayo de 2017

"CIERREN PUERTAS LOS DE ATRAS"

Música e ilustraciones de Oswaldo Mejía.

Muestra de parte de mi obra pictórica sobre mi propuesta plástica Surreal erótica, aunque yo prefiero denominarla, automatismo subconsciente. El vídeo ha sido editado con la música correspondiente al track "Cierren puertas los de atrás" canción de mi autoría en composición y arreglos musicales, así como en la ejecución de la guitarra líder junto a mi otrora banda "Brebaje".


viernes, 5 de mayo de 2017

"LOS DUENDES SUEÑAN EN COLORES PASTEL"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)

Extracto del cuento ...(...)...

Esta noche, tal como te dije, es muy especial para los borregos, las arpías, chacales, cerdos y asnos pues masivamente, festejan el nacimiento de un redentor  del que ni siquiera están convencidos que los vaya a redimir pero es un buen motivo para festejar y atiborrarse de comida y bebidas espirituosas, lo cual no les proporciona felicidad pero sí placer, además de garabatearles ese rictus en sus hocicos, mueca que ellos interpretan como sonrisas.
La arpía con la que comparto mi caverna y una mutua repulsión, tuvo la visita de otro pajarraco, su hermana. Llegó con unas botellas que contenían un brebaje -me parece  haber leído en las etiquetas de dichas botellas, la inscripción “Orines de Lucifer”-. Cuando la micción que bebimos empezó a hacer estragos, ellas recomenzaron a parlotear incoherencias y a realizar remedos de danzas bajo la luz de la luna, fue entonces que decidí largarme, no estaba a gusto allí, quería apreciar otros aires.
Una vez fuera, recordé que hace tiempo que mi pata derecha trasera se rehúsa a seguir acompasadamente a mis otras tres patas pero igual me fui, rengueando, sí, de todos modos me fui. Por donde circulaba sólo veía animales obnubilados que sonreían estúpidamente, con una euforia desmedida debido a la generalizada ingesta de las bebidas “espirituosas”, contrastando con la lucidez que me confería mi aflicción. Mi ángel de la guarda no se fue de vacaciones, simplemente cesó su función… y yo le extrañaba en demasía. Se fue diciéndome “Ya cumplí mi ciclo. Vendrán otros que cuidarán de ti de aquí en adelante”
Entre mis pasos desacompasados, mis soliloquios y algunas lágrimas, me topé con una casucha iluminada donde expendían los “Orines de Lucifer”. Sólo tenía la mitad de una moneda que celosamente guardaba en mis fauces para no perderla; con ella pagué por una botella de la infernal micción y empecé a beberla, solitario y de pie. La botella sería mi fiel compañera mientras en su interior hubiera algo de líquido, aunque me torturaba saber que la bebida no tardaría en agotarse.
Me encontraba ensimismado con mi botella que iba vaciándose lentamente cuando de repente, apareció un cerdo ebrio. Dijo que me conocía, que me apreciaba muchísimo y otras tonterías que ya ni recuerdo. Claro que como yo soy un viejo lobo, no un asno, enseguida me di cuenta que aquel cerdo ebrio de cara burlona, lo único que deseaba era que le invitara un poco de lo que yo estaba bebiendo. Siempre tuve la convicción de que una cuota de veneno no se le niega a nadie, así pues, compartí con él un sorbo y le pedí con mucha amabilidad que se largara, que no interrumpiera más la conversación que tenía conmigo mismo. Necesitaba desahogarme contándome cuánto necesitaba a mi otrora ángel guardián.
El cerdo me agradeció y se fue dibujando serpenteantes “eses” con su andar, encaminándose hasta un rincón donde libaban un chacal y un asno. Me desentendí de él y los otros y volví a sumirme en mis penas y añoranzas.
 -Ángel mío ¿Cómo voy a olvidarte si de todo lo que me enseñaste me faltó aprender a vivir sin ti?
Así de ensimismado estaba cuando de pronto llegó a mis oídos el escandaloso eco que ocasionaba una trifulca proveniente del rincón hacia donde se había dirigido el cerdo ebrio de mirada burlona. Giré mi cabeza para ver qué ocurría y alcancé a verlo. El cerdo estaba panza arriba, pataleando en el piso; una certera coz del burro  le dio en la cabeza dejándolo instantáneamente quieto, cual si fuese un cadáver. Inmediatamente, movido por mi naturaleza impulsiva, en dos brincos llegué al lugar. El cerdo estaba quieto, privado de casi todas sus facultades,  apenas si respiraba  levantando polvo en cada exhalación.
El asno y el chacal me observaban desafiantes. Yo los miré, hice rechinar mis colmillos y gruñí:
-Malditos desgraciados ¿Por qué hicieron esto?- Dije con tono de amenazante reclamo.
-No te metas en esto, imbécil. En este mismo instante podría matarte de una patada si quisiera- Sentenció el asno.
-Lárgate mientras puedas, estás muy lejos de tu territorio, aquí no te daremos explicaciones- Acotó el chacal.
-¿Acaso creen que pertenezco a algún lugar? Soy un lobo y por tanto soy lo que soy donde voy y donde estoy- Fue lo último que expresé antes de que comenzara la pelea...(...)...


(Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 50 cms. Precio $.600 dólares americanos)