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viernes, 30 de diciembre de 2016

"PEROL DE IDEAS SUELTAS"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, reservados)





Llévame hacia esos lugares que dices, esos donde las flores son pintadas con lápices de colores y sus aromas provienen del aliento de bocas de miel y labios entreabiertos. Llévame allá, donde los faunos voyeristas atisban las caricias que prodigan las manos ansiosas; quiero ver esos dos soles que dan doble alegría a los pliegues de las pieles desnudas.
¿Podrías preparar sopa con esas piedrecillas azulinas que hay por doquier? ¿O sólo quieres que nos llenemos de viento y tiempo? Alguien me dijo que es bueno para exfoliar el alma…
Llévame a esos lugares que dices, donde las frutas tienen alitas de sedas y tules que vienen hacia tus manos adiestrándote para que me acaricies cuando estoy en celo. Llévame allá donde la noche cómplice permite el tanteo de tu estremecimiento; quiero correr desbocado por entre tu vientre, hurgando el cóncavo de tu cordura que tu deseo me ha de ofrecer.
¿Acaso piensas que si nos vestimos de ilusión nos importará el que nadie nos mire? ¿O crees que por cantar desafinado dejen las estrellas de brillar? Vine por un mimo y me quedé en ti.
Llévame hacia esos lugares que dices.
Llévame hacia allá.

Si ves que no camino de prisa, lleva a mi mente a pasear…


  (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 60 cms. Precio $.600 dólares americanos)

viernes, 9 de diciembre de 2016

"PARA MAYRA"

Video
(Música e imágenes de Oswaldo Mejía)







Dedicado a mi hija unigénita. 
Muestra de parte de mi obra pictórica, sobre el fondo musical de la canción "Para Mayra", la cual compuse basada en un poema que escribí el día de su nacimiento, y que años más tarde arreglara musicalmente para hacerla parte de la discografía de mi otrora banda "Brebaje", donde ejecutaba la guitarra líder.



martes, 6 de diciembre de 2016

"PLASCEBO"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía 
Cap. V del libro "Delirios del Lirio"
(Derechos de autor, protegidos)






-Llegas muy a tiempo, mi viejo amigo, tengo algo que quiero compartir contigo. Lástima que no tengas boca pues sería lindo conversar fluidamente pero para mostrarte lo que he descubierto, basta con que puedas ver y oír. Dios te diseño así,  lo hizo adrede para que fueras un almacén de sabiduría y tu sapiencia no se extravíe entre palabras que pocos entenderían. Pero no te quedes ahí ¡Pasa, ven! No tengo mucho para invitarte, apenas unos bocados de maná que cogí esta mañana de mi jardín.
Mira ¿Ves este extraño libro cuyo único contenido es una receta? Lo hallé para deleite de nuestro espíritu. Dizque esta pócima tiene el poder de convertir a quien lo bebe  en antena receptora de mensajes emitidos por seres extraños que constantemente nos están vigilando desde más allá de donde penden las estrellas.
¿Estabas al tanto de ello? Vaya, vaya, veo que sí, has asentido con tu cabeza. Y si sabías de esto ¿Por qué nunca me lo comunicaste? Tus manos me hablan y yo entiendo lo que quieren expresarme, así como el brillo de tus ojos; siempre fueron muy elocuentes para mí
¿Dices que has visto a esos seres? ¡Jaaaaaaaaa-ja-Jaaaaaaaaa! No, por favor, no te enfades, no me estoy burlando, es que me sorprendiste… ¿Dices que eres uno de ellos y que viniste a cuidar de mí? Ciertamente, creo que estás loco ¿Acaso no soy yo quien cuida de ti y a menudo te provee comida? Aunque… ahora que reparo en ello…siempre te la llevas en los bolsillos, nunca te vi comerla ¡Lógico, si no tienes boca! Hay muchas cosas que se me pasaron por alto… tu salud…  jamás te he visto enfermo, no es natural, poco más, poco menos, alguna vez todos nos enfermamos... pero no tú, es extraño, ya lo creo. ¡Ey, tu risa! A pesar de tu incapacidad para exteriorizarla  ya que careces del elemento físico en pos de que el sonido se expanda, puedo percibir tu silenciosa carcajada ¡Ah! Te mofas de mi torpeza y distracción… jajaja, me has hecho reír de nuevo… es verdad, llevo años dándole comida a quien está falto de boca para ingerirla. Tienes razón, soy estúpido o  tal vez el loco sea yo…
¡Ya deja de reírte de mí! Es cierto, sí, soy un estúpido demente que por andar ensimismado, hurgando entre quimeras y sueños, descuido mi vida real, entonces el mundo que me rodea me es extraño, no consigo comprenderlo. Quita tus brazos de mí, no intentes consolarme, tu abrazo me hace sentir más ridículo aún.
¿Por qué te llevabas el alimento si no puedes ni necesitas comer? Aja, sí, sí, tu imaginario perro de dos patas que, según tú, es capaz de hacer música hasta con los latidos de su corazón. A él se la llevabas… la comida que yo te daba se la llevabas a tu imaginario perro de dos patas…
¡Ya suéltame! ¡Mira lo que has hecho! Por tu culpa he tropezado y tiré el saxofón. Un día de estos me dedicaré a ordenar este caos en el que habito, acorralado por objetos inútiles que se van amontonando, acaparando más y más espacio, bloqueándome la salida. Si, voy a tener que poner un poco de orden o ya no podré moverme ni siquiera para recoger maná de mi jardín y preparar bocadillos para tu imaginario perro de dos patas… pero eso será otro día.  Ahora leamos el libro que, para deleite de nuestro espíritu, hallé entre tantas futilidades. Escucha, escucha…

*Ingrediente principal:
 Un trozo de esos cactus que resguardan la entrada al cielo. Reconocerás el apropiado pues tiene el diseño de una estrella de siete puntas.
*Preparación:
Cortarlo en rodajas, sumergirlo en tres litros de agua y hacerlo hervir a fuego lento durante trece horas, luego machacar todo, tamizar el resultante y beberlo. Ahora sí eres una de nuestras antenas. El resto del libro está en tus manos…

¿Lo ves? Todo es sincrónico, amigo mío, nada es casual en esta dimensión, lo que está es porque debe estar, en el sitio preciso, en el momento indicado. Este desorden es mi cielo. Fui a la puerta y efectivamente, hallé un cactus que al mirarlo desde arriba, presenta el diseño de una estrella de siete puntas. He seguido al pie de la letra las indicaciones de la receta y mira, obtuve esta pócima de verde fosforescente. Quería compartirlo contigo pero claro… si no tienes boca… Lo que me inquieta es que el resto del libro está en blanco y aquí dice que ello está en mis manos… ¿Qué querrá decir?
No, por favor, amigo mío, no te vayas, quiero que estés aquí para que seas testigo de  lo que este brebaje provoque en mí. Con tu permiso, voy a beberlo ¡SALUD POR TI! Ahhhhhhh… corre por mi esófago, llega a la boca del estómago, está dentro de mí y sin embargo no ocurrió nada extraordinario. Salvo el sabor amargo del preparado este, no siento nada extraño ¿Estoy temblando? Creo que sí pero no es frío que cale los huesos, es el ocaso… La noche se presenta como un papel arrugado, toda en color gris, con esa pesada quietud que sustenta la sospecha de que es augurio de algún acontecimiento de esos que traspasan las entrañas y también el alma. La angustia de ese presentimiento invade la realidad. Entre todas esas formas difusas de paredes y calles empedradas, con brillos fantasmales que origina la humedad que las recubre, repentinamente hace su aparición un ente. Parece extraído de una pesadilla… el viejo jorobado y narigudo está cubierto por una manta andrajosa y raída. Su presuroso andar es el remedo de los pasos que daría una gallina renga. Un bastón intenta paliar la desmesurada cadencia de sus caderas sin conseguirlo ¡Pobre y estúpido viejo que quisiera ser gacela! Lo intuyo pues constantemente mira asustado hacia atrás, como queriendo cerciorarse de cuánto se ha alejado o cuán cerca está el objeto de su pánico. En perfecta sincronía, un murmullo y una opaca iluminación amarillenta irrumpen en  la noche gris. El bullicio es cada vez más intenso al tiempo que  la luz va tornándose naranja y con mayor presencia ¡Válgame Dios! Es una multitud enardecida enarbolando palos, garrotes, tridentes, teas encendidas y odio, inconmensurable odio que se percibe a la distancia. Más que obvias sus intenciones… ¡Desean linchar al viejo que huye en perturbada carrera! ¡Dios mío! ¿Cómo es posible que yo sienta el pánico que debe sentir el viejo? ¿Acaso soy  el viejo jorobado y rengo que huye? ¡Nooooooooooooooooooooo! Los parpados me pesan… Debo parpadear, mis globos oculares están resecos, debo lubricarlos, debo parpadear… ¡Mis órganos internos me oprimen el pecho! ¡Aaaahhhhhhhhhhhh! No puedo respirar…oxígeno, necesito oxígeno, me asfixio… ¡Estoy cayendo! ¡Estos trozos de cristal que caen más aprisa que yo, me están destrozandoooooooo! Las vísceras de mis entrañas se contraen como el papel arrugado que semeja la noche gris… duele… duele… duele…
¡No me toquen, nooooooooooo! OH, eres tú, amigo mío, que alivio… No tienes idea de donde he estado ni lo que he visto… ¿Escuchas esos toc-toc-toc? ¡Contéstame! ¿Puedes escucharlo? ¡Habla con tus manos, hazlo! ¿No notas mi miedo? Toc- toc-toc… ¡Llaman a la puerta! No, no, no abras…Deben ser ellos,  los que me quieren linchar ¡No abras! ¿Dices que no? Piensas que deliro, es eso, no me crees… ¡No estoy delirando, maldición! ¡No abras! ¡No lo hagas!
A pesar de mis súplicas, mi amigo abrió la puerta pero no había una multitud enardecida, no,  el que entró fue el perro de dos patas del que siempre me hablaba. Pasó por mi lado escudriñándome de pies a cabeza y  luego se sentó en un rincón, adoptando una postura casi humana. Mi amigo cogió el saxofón y le colocó la boquilla en el hocico. El extraño perro empezó a soplar mientras que con sus dos únicas patas tecleaba las llaves del saxofón, arrancándole sonidos entre sensuales y melancólicos. Mis emociones habían virado del pánico al éxtasis. La música que ejecutaba el perro de dos patas sonaba como una caricia. Me llamó la atención el ruido que provocaba mi amigo sin boca. Se retorcía tal si estuviera danzando. Imprevistamente empezó a sufrir un proceso de metamorfosis; su cuerpo fue revistiéndose de escamas amarillentas a la vez que mutaba a ofidio. Atónito, lo vi desmoronarse y una vez en el piso, reptó unos metros. De sus colmilludas fauces emergió una bellísima mujer con extensas alas blancas empapadas de una secreción cristalina. La mujer alada continuó la danza que mi amigo interrumpiera con su transformación. Paulatinamente, su aleteo fue secando el blanco plumaje de sus alas. La música cesó y ni siquiera me volteé  a ver al perro de dos patas, sólo reparaba en ella, no conseguía despegar mis ojos de su espigada figura. Aparecieron unas losetas flotantes, ordenadas a modo de escalinatas que conducían hacia el portal abierto del cielo y por ellas emprendió la ascensión. Había avanzado unos pasos, cuando giró hacia mí y me dijo “Volveré por ti” y continuó ascendiendo hasta perderse en el firmamento. Me dejó de recuerdo una pluma blanca como las que recubrían sus alas…  es esta con la que voy escribiendo sobre las hojas en blanco del libro que alguna vez contuvo únicamente la receta del brebaje mágico, y que ahora se van rellenando con mis alucinantes vivencias.



       (Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)

viernes, 2 de diciembre de 2016

NATUN ET ORBIS

Ilustración y poema de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)






Ven angelito mío...
ven, ven a volar.
Ven con tus tiernas alitas,
mis cielos has de surcar.
Quiero heredarte mi rumbo, nena...
estoy agotado ya.
Mis viejas alas cansadas, linda...
no me dejan remontar.
Ya no podré volar.
Quiero acariciar tus hombros...
quiero acariciar.
Porque asi tus alas grandes...
muy grandes serán.
Angelito mío...
angelito mío...

Mi cielo es para tí.



  (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

                   

viernes, 25 de noviembre de 2016

"ORÁCULO"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía 
Cap. IV del libro "Delirios del Lirio"
(Derechos de autor, protegidos)






Venía de muy lejos; llevaba siglos caminando, cuatro o cinco tal vez… qué más da. Obsesionado con la búsqueda de una verdad, cada día era hurgar y hurgar en todos los rincones del mundo a la espera de hallar una respuesta. Ausencia de amistades, ignorado por el amor, ansiando un atardecer que apreciar… mi presencia en diferentes planos y bajo distintos cielos, se reducía a caminar y caminar; ojos y oídos atentos; olfato, gusto y  tacto, alertas. La codiciada respuesta podría estar en cualquier lugar o manifestarse a través de alguno de los sentidos. No había tiempo para el esparcimiento. La respuesta, la verdad tan anhelada, podía estar en frente y no ser percibida debido a un instante de distracción.
Había recorrido el mundo entero y sin embargo no lo conocía. Había visto millones de hombres y mujeres y nada sabía de los seres humanos. Había convivido conmigo mismo todos estos siglos… y tampoco sabía nada de mí. No supe del deleite, ni tengo  recuerdos de mí andar, algún que otro pasaje, paisaje, noches de luna, tardes de sol obstinado lacerándome la piel. Nada, tan sólo  un vacío en la mente… sé que vengo de acullá, donde el sentido se obstruye y los recuerdos se ahogan…  pero no me doy por vencido… camino sin cesar en busca de la revelación que me conduzca a la gran verdad, la verdad que persigo… si bien ya he olvidado mi interrogante.
Escalar la cima de este volcán extinguido es un martirio, estoy exhausto. El roce incesante con las filosas rocas de las que me debo sujetar para seguir trepando, hacen sangrar mis manos y pies.  De todos modos no debo renunciar…la respuesta anhelada puede estar en cualquier lugar…
Es casi la medianoche cuando llego al borde del cráter. El cielo, negro azulado, está tapizado de estrellas que brillan intensamente, semejándolo a un paño de terciopelo donde descansan pequeñas piezas de diamante tallado.
Me recuesto en una piedra saliente y observo el firmamento con escrupulosidad, pudiera ser que  él me proporcione la verdad ansiada. Hundo los ojos, escudriño cada milímetro de su extensión pero tampoco allí encuentro la respuesta; debe ser porque no sé qué preguntarle. Igual insisto, tengo muchos siglos más por delante. Insisto, sí pero justo  cuando intuyo que la respuesta no está arriba, cuando decido cerrar los ojos en busca de una exigua tregua para mi mente obnubilada, una fosforescencia proveniente del mismísimo centro del cráter, me encandila. Parece un ojo seductor espiando la noche. Debo acercarme y observar con mayor atención. Es una señal y cualquier señal podría ser una potencial portadora de la respuesta.
Al otear por el agujero puedo darme cuenta de que es una entrada hacia… Hay una escalinata en espiral conformada por innumerables escalones que descienden bordeando las paredes del volcán hasta llegar a una inmensa rotonda atestada de personas que van de aquí para allá. Mi curiosidad me supera y me dejo llevar por la fuerza de la gravedad hacia la zona más  insondable del cráter.
A medida que voy bajando, todo lo que percibo  me resulta misterioso pues jamás vi nada análogo. Con mucha cautela, comienzo el descenso y cada cierto tramo de la escalinata, debo detenerme porque me topo con cuevas cuya iluminación va en aumento, de tal modo que puedo apreciar con nitidez lo que ellas pretenden ocultar. Alcanzo la primera. Grotescas rameras expenden sus caricias embebidas en licor y “hashis”  que también te ofrecen a cambio de un puñado de monedas. Observo ese paisaje de aire impuro e intuyo que no está allí mi respuesta. Prosigo el peliagudo declive y luego de unos metros, vuelvo a detenerme frente a otra caverna donde hay gitanas vestidas de sedas multicolores. Ellas te venden el futuro que está escrito en tus manos... Cada una de las cuevas es un antro atiborrado de parroquianos y curiosos en busca de placeres momentáneos, quimeras que por fugaces lapsos serán parte de su realidad. Deambulo con naturalidad, como si fuera uno más entre ellos, intentando mimetizarme para pasar desapercibido. No deseo contratiempos que puedan desviarme de mi búsqueda. Me cruzo con fenómenos, seres de lo más extraños que juzgo extraídos de un mundo mordaz: enanos que encerrados en jaulas pequeñas colgando del techo, piden limosna; travestidos con rostros tatuados, pintarrajeados y exhibiendo su anatomía, impasibles ante su desnudez, muestran sin pudor todo lo que tienen; mujeres de cabellos multicolores, con cortes y peinados extravagantes.
Estoy en el reino del absurdo, averno donde se dan cita la demencia, la decadencia y la degradación del ser humano. En este reinado libertino, todos los vicios reclaman presencia y notoriedad. Conforme voy descendiendo, me resulta cada vez más natural y  familiar ¡Si hasta me dan ganas de sonreír con la misma sonrisa vacía y estúpida que manifiestan los otros! El hedor imperante, mixtura de humo de hashis, licor, sexo y sudor, me causa repugnancia… pero se van tornando soportables. La timidez y el recelo ceden y me confieren pasos firmes, mucho más decididos. Este caos es como un virus que va atacando mi organismo; comienzo a pensarme uno más de ellos, deambulando en mi elemento. El ruido monótono, incesante pero acompasado que produce un grupo de extravagantes con aspecto paradójico, provistos de tambores e instrumentos raros, es cada vez más invasivo. Casi todos caminan moviéndose al compás. También yo agito la cabeza siguiendo el ritmo, no me lo propongo, simplemente actúo como un zombi al que se le despojó  de la voluntad.
Una mujer que llevaba la mitad derecha de su cráneo rapado y la otra mitad cubierta por una frondosa y desordenada cabellera color verde, clava su mirada en mí. Por su aspecto podría ser la personificación de la lascivia; sus apetitos son más que evidentes. Abriéndose paso entre los andantes, se aproxima y descaradamente me coge de la entrepierna. Así, con esa desfachatez, me conduce hasta la cueva de donde vino. Las emociones son desconocidas, aunque encontradas. Tengo urgencia por el palpable placer pero también miedo y repugnancia, me siento sucio pero no es mugre de cuerpo sino inmundicia del alma, y sin embargo no puedo resistirme a la circunstancia que me sabe excitante.
Habíamos avanzado unos metros hacia el interior de la cueva cuando una vocecilla suave, disonante  con  la  realidad circundante, se dejó escuchar.
-¡Esto no es para ti! Eres forastero en este mundo… Ni tu cuerpo ni tu espíritu pertenecen a este lugar-
La joven que había pronunciado tamañas palabras, permanecía recostada entre la refulgencia de tules y sedas. Era bellísima mas en ese hermoso rostro, resaltaban unos ojos negros que no cesaban de manar lágrimas… también negras.
 -¿Quién es ella?—Pregunté a la mujerzuela que me jalaba.
-Dice llamarse “La Voz del Oráculo” pero nadie le hace caso. No come, no duerme, todo lo que hace es llorar, día y noche se escuchan sus sollozos… está loca, nadie se ocupa de ella. Olvídala y sígueme ¡Vamos!
-¡Quiero verla de cerca!- Dije y me zafé de las manos de la mujerzuela que se quedó maldiciéndome e insultándome sin intentar detenerme.
Me aproximé a un ventanal hoyado en la roca que se comunicaba al habitáculo de la bella joven de  ojos lagrimeantes.
-Viniste en busca de sabiduría ¿Te conformarás con llevarte unos instantes de placer inmundo y como recuerdo alguna enfermedad venérea, quizá? Sé quién eres, sé a qué viniste… aunque tú ya ni recuerdas qué querías hallar. Ven, recuéstate a mi lado, debes dormir. Lo que debo decirte debe ser pronunciado entre sueños.
Y así aconteció. Un letargo intenso fue apoderándose de mí mientras yo me deleitaba con la cercanía, visión y aroma de la linda joven. Los párpados me pesaban, ya no era dueño de mis sentidos, escuchaba su voz como una caricia y por ella me dejaba envolver.
-Tú vienes de otro lugar, tiempo y espacio. Estás acá para recolectar el conocimiento que en un período no lejano, deberás dar a conocer. Es por ello que viniste a esta sucursal del infierno; con ese cometido es que manchaste tus sandalias con el fango del averno, más no tu cuerpo ni tu espíritu. Mi misión es preservarte puro e inmaculado de la inmundicia. Eres mensajero y yo debía cuidar de que no te contamines con los mensajes que deberás entregar. Ya cumplí mi cometido. Ahora debes irte pero llévate estas plumas blancas que estás dejando en mi lecho. Nadie debe saber quién era el forastero que una noche soñó a mi lado.
Me despertó la voz de mi madre. Entonando un tierno arrullo, me acunaba mientras me daba de lactar de su seno, entonces recordé lo que entre sueños me dijo la joven que mojaba su rostro con lágrimas y ensuciaba sus cabellos con cenizas del volcán. Por el momento debía guardar silencio, no era el tiempo de entregar mi conocimiento, mas nunca olvidaría aquello que debía decir…

-Yo era un mensajero.


    (Pieza única. Año 2013. Medidas: 80 X 57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

                    

jueves, 24 de noviembre de 2016

"LOS CARDENALES VAN AL SUR"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)

  • Caminarás entre piedras y polvo, pero tu mirada siempre virará hacia arriba, hacia donde no ven los rastreros, hacia donde puedes ubicar deidades. Ahí te sientes grande…Ahí eres pequeño… Ahí eres imperceptiblemente inmenso...

         (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 54 cms. Precio $.600 dólares americanos)




                     

domingo, 13 de noviembre de 2016

"LIBIDIFLOR"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)






Ya no hay tiempo ni espacio. Sólo queda una profunda y sombría depresión donde no cabe más que la desesperanza. Apenas si puedo captar una que otra letra de las palabras de aliento que los AJENOS susurran: "Hay un jardín afuera… hay peces de colores surcando un cielo azul… hay amores luminosos aguardando tu miedo..." Como si las voces huecas pudieran fabricar las endorfinas que me fueron negadas ¿Crees que una hembra estéril podría parir sólo porque le soplas esperanza al oído?
*-Es cierto, ella está físicamente incapacitada de concebir, y tú no tienes la capacidad de ser feliz. Tu química vital te lo negó.
Así es, amigo ESPEJO… y tú tampoco tienes capacidad para detenerme, solamente puedes observarme. Con permiso… debo seguir cayendo.


     (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

                    

"NAM ATOM PATHETIC"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)





Cada paso que doy me demanda mayor esfuerzo, y aunque podría reírme en su cara y hacerle bromas a la muerte, lágrimas en mí afloran al sentir agarrotadas mis piernas y al no poder contener este temblor de mis manos. Mi magia se está yendo como el humo de mi cigarrillo que aunque barato y modesto, intenta vanamente devolverme mi frescura de superhombre; ese descaro ansiado que no me permite evidenciar mi fragilidad y que me anima a seguir fingiendo... que me alienta a continuar entre esta polvareda incierta, inventándome musas que a la carrera se van alejando de mí para inspirar a quienes ni siquiera necesitan inspiración, pues desconocen lo que es jugar a ser dioses.






(Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 50.5 cms. Precio $.600 dólares americanos)




                   

miércoles, 9 de noviembre de 2016

"LA REINA LAGARTA SE QUITO LA PIEL"

Video
(Música e imágenes de Oswaldo Mejía) 

Muestra de parte de mis obras pictóricas sobre el fondo de la canción de mi autoría en composición y arreglos musicales, "La Reina Lagarta se quitó la piel", la cual es parte de la discografía de mi otrora banda "Brebaje", donde ejecutaba la guitarra líder.



viernes, 4 de noviembre de 2016

"HACEDOR DE DESTINOS"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)





Extracto recortado...(...)...

¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es este? No sé qué o quién soy. La oscuridad me envuelve, tengo frío, tengo mucho miedo; ni siquiera puedo saber qué aspecto tengo pues no logro distinguir nada. Quizás esté muerto y sin embargo no recuerdo haber nacido. Palpando puedo notar que poseo un cuerpo. ¡Sí,  tengo piernas y brazos!
 Me da pavor tocarme el rostro, me aterra darme cuenta qué soy pero asimismo me angustia esta soledad. Estoy recostado sobre una superficie muy dura. Debo ponerme de pie, me falta el aire, estoy empapado en sudor, un dolor insoportable me oprime el pecho. Debo pararme, mi instinto me dice que al hacerlo, menguará este sufrimiento. Mi desesperación me impulsa a erguirme, tomo envión y lo hago. La proximidad de la locura me indica que dé unos pasos, que huya, no sé de qué ni hacia dónde pero es necesario moverme. ¡DIOS! Mi tobillo derecho está fuertemente sujeto al lugar por un cordón que me lastima. Intento librarme pero todo esfuerzo resulta inútil, está muy ceñida mi atadura y resulta imposible liberar mi pie... ni modo. Bien, hay algo en mi interior que me dice que toda situación extrema requiere de una solución extrema.
Con las manos hurgo en lo que debe ser mi rostro. Descubro que tengo boca y dientes. Sin dudarlo me siento en el piso y curvando mi tórax, mi boca logra alcanzar mi pie. La primera dentellada me arranca dos o tres dedos. El dolor es intenso, no obstante debo soportarlo. Preciso alejarme del lugar pero esta ligadura me lo imposibilita. Continúo infiriéndome mordiscos, desgarrando músculos, huesos y tendones hasta que consigo zafarme de esta maldita atadura. No se hacia dónde pero debo moverme, debo alejarme de aquí…¡Pero ya!
Empiezo a caminar, mas aunque me invade la desesperación, lo hago con prudencia, temo golpearme. Sólo me guío por una brisa gélida que voy tanteando, es fría pero esperanzadora. Me doy de cabezazos contra las aristas e irregularidades de las paredes y el techo, entonces desisto de mi postura erguida, mejor avanzar a gatas y con una mano delante en pos de  precaver nuevas colisiones. Aun así, sin poder ver ruta ni destino, avanzo muy de prisa.
La brisa gélida se potencia y aunque estoy tiritando de frío, es estimulante saber que ese vientecillo helado que cala mis huesos proviene de algún lugar que tal vez sea mi única posibilidad de huida. Estoy cada vez más cerca, lo sé. El frío lacera mi piel desnuda, entonces no siento dolor en el desgarrado muñón que quedó donde antes hubo un  pie derecho...
A lo lejos veo una tenue lucecilla. No creo estar alucinando ¡Allí está! Debo darme prisa, tengo que alcanzarla. Mi ansiedad me obliga a ponerme de pie aunque medio agazapado. Como puedo, corro a fin de alcanzar la entrada por donde ingresa aquella luminosidad pero mi desesperación me juega una mala pasada. Descuidé la cautela que me guió hasta hace unos instantes, imperiosa cautela de tantear lo que podría hallar en mi ignoto camino y… ¡Estoy cayendo! Por efecto de la caída libre, siento mis órganos estrujados contra el tórax mientras la rugosidad de las paredes por donde voy cayendo, me desgarra la piel y los músculos. Al fin aterrizó sobre una superficie blanda, que reduce el impacto del porrazo final.
Estoy en medio de un lugar repugnante pero bajo un esplendoroso cielo azulado. Pasada la conmoción primaria, me doy a la tarea de observarme al detalle para reconocer mi cuerpo. Por vez primera puedo verme tal como soy. Mi cuerpo está casi enteramente cubierto de esta materia pestilente que amortiguó mi caída. En contraste a toda la inmundicia que me rodea, hay dos plumas blancas sobre mi muslo derecho. Debo salir de aquí…
Mientras camino me cruzo con seres muy parecidos a mí, salvo que ellos tienen la piel pálida y la mía es de color verduzco. Ellos caminan en sentido contrario a la dirección de su mirada, como si retrocedieran. Todos van en un continuo soliloquio consigo mismos. Nadie repara en nadie, por tanto tampoco reparan mí.

Estoy muy desconcertado y para colmo, el dolor del muñón que me quedó por tobillo, es cada vez más intenso. Quiero comunicarme, pedir ayuda… pero nadie se detiene. Todos van como autómatas con una ruta programada, siempre caminando hacia atrás.

...(...)...Recorte del extracto....





       (Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)

martes, 1 de noviembre de 2016

"LAMENTACIONES"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)





Tengo la letra de aquella canción, traspapelada en alguna parte de mi memoria, pero no puedo recordar dónde. Recuerdo que hablaba de la niña delgaducha que conocí en sueños, de sus trencitas azules y de cómo se agitaban al viento cuando bailaba entre copos de nube. Cabriolas por aquí, piernitas de garza por allá, y volteretas bañadas de gracia y candor. Siempre de la mano del dictatorial ritmo y melodía, que llegaban como ecos desde la luz misma; esa luz que, complacida, alumbraba el rostro de la niña, para luego reflejarse en destellos transitando por sus simpáticas trencitas de intenso color azulado. Ese azul profundo que tiñe el cielo cuando se adentra la noche.
Siempre fue así entre la fugaz eternidad; hasta el día en que la luz se extinguió y ya no hubo más baile. Las piernitas que antes apenas proyectaban dos líneas por sombra, ahora están quietas, y el cuerpecillo de anguila, cesó repentinamente su menear; las trencitas azules no volvieron a bambolearse… Sentada en un oscuro rincón, con las trencitas deshechas, espera que el tiempo pase. Hoy es una mujer… Ha dejado de ser niña.





    (Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 60.5 cms. Precio $.600 dólares americanos)

miércoles, 26 de octubre de 2016

"KARENCIA 23"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)




La mujer vieja y ciega, derramó monedas de oro desde sus dedos de ave, pero el tintineo de las mismas fue estéril e inútil. El hijo del hombre continuó su andar...ni se inmutó; no hubo brillo que detuviera su paso. Sus calígulas polvorientas y raídas, pisotearon las monedas sin siquiera enterarse qué rostro se había acuñado en ellas...


 (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 67 cms. Precio $.600 dólares americanos)