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viernes, 25 de noviembre de 2016

"ORÁCULO"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)



(Extracto del cuento: Cap 4, Libro "Delirios del Lirio")


(...)...Había recorrido el mundo entero y sin embargo no lo conocía. Había visto millones de hombres y mujeres y nada sabía de los seres humanos. Había convivido conmigo mismo todos estos siglos… y tampoco sabía nada de mí. No supe del deleite, ni tengo  recuerdos de mí andar, algún que otro pasaje, paisaje, noches de luna, tardes de sol obstinado lacerándome la piel. Nada, tan sólo  un vacío en la mente… sé que vengo de acullá, donde el sentido se obstruye y los recuerdos se ahogan…  pero no me doy por vencido… camino sin cesar en busca de la revelación que me conduzca a la gran verdad, la verdad que persigo… si bien ya he olvidado mi interrogante.
Escalar la cima de este volcán extinguido es un martirio, estoy exhausto. El roce incesante con las filosas rocas de las que me debo sujetar para seguir trepando, hacen sangrar mis manos y pies.  De todos modos no debo renunciar…la respuesta anhelada puede estar en cualquier lugar…
Es casi la medianoche cuando llego al borde del cráter. El cielo, negro azulado, está tapizado de estrellas que brillan intensamente, semejándolo a un paño de terciopelo donde descansan pequeñas piezas de diamante tallado.
Me recuesto en una piedra saliente y observo el firmamento con escrupulosidad, pudiera ser que  él me proporcione la verdad ansiada. Hundo los ojos, escudriño cada milímetro de su extensión pero tampoco allí encuentro la respuesta; debe ser porque no sé qué preguntarle. Igual insisto, tengo muchos siglos más por delante. Insisto, sí pero justo  cuando intuyo que la respuesta no está arriba, cuando decido cerrar los ojos en busca de una exigua tregua para mi mente obnubilada, una fosforescencia proveniente del mismísimo centro del cráter, me encandila. Parece un ojo seductor espiando la noche. Debo acercarme y observar con mayor atención. Es una señal y cualquier señal podría ser una potencial portadora de la respuesta.
Al otear por el agujero puedo darme cuenta de que es una entrada hacia… Hay una escalinata en espiral conformada por innumerables escalones que descienden bordeando las paredes del volcán hasta llegar a una inmensa rotonda atestada de personas que van de aquí para allá. Mi curiosidad me supera y me dejo llevar por la fuerza de la gravedad hacia la zona más  insondable del cráter.
A medida que voy bajando, todo lo que percibo  me resulta misterioso pues jamás vi nada análogo. Con mucha cautela, comienzo el descenso y cada cierto tramo de la escalinata, debo detenerme porque me topo con cuevas cuya iluminación va en aumento, de tal modo que puedo apreciar con nitidez lo que ellas pretenden ocultar. Alcanzo la primera. Grotescas rameras expenden sus caricias embebidas en licor y “hashis”  que también te ofrecen a cambio de un puñado de monedas. Observo ese paisaje de aire impuro e intuyo que no está allí mi respuesta. Prosigo el peliagudo declive y luego de unos metros, vuelvo a detenerme frente a otra caverna donde hay gitanas vestidas de sedas multicolores. Ellas te venden el futuro que está escrito en tus manos... Cada una de las cuevas es un antro atiborrado de parroquianos y curiosos en busca de placeres momentáneos, quimeras que por fugaces lapsos serán parte de su realidad. Deambulo con naturalidad, como si fuera uno más entre ellos, intentando mimetizarme para pasar desapercibido. No deseo contratiempos que puedan desviarme de mi búsqueda. Me cruzo con fenómenos, seres de lo más extraños que juzgo extraídos de un mundo mordaz: enanos que encerrados en jaulas pequeñas colgando del techo, piden limosna; travestidos con rostros tatuados, pintarrajeados y exhibiendo su anatomía, impasibles ante su desnudez, muestran sin pudor todo lo que tienen; mujeres de cabellos multicolores, con cortes y peinados extravagantes.
Estoy en el reino del absurdo, averno donde se dan cita la demencia, la decadencia y la degradación del ser humano. En este reinado libertino, todos los vicios reclaman presencia y notoriedad. Conforme voy descendiendo, me resulta cada vez más natural y  familiar ¡Si hasta me dan ganas de sonreír con la misma sonrisa vacía y estúpida que manifiestan los otros! El hedor imperante, mixtura de humo de hashis, licor, sexo y sudor, me causa repugnancia… pero se van tornando soportables. La timidez y el recelo ceden y me confieren pasos firmes, mucho más decididos. Este caos es como un virus que va atacando mi organismo; comienzo a pensarme uno más de ellos, deambulando en mi elemento. El ruido monótono, incesante pero acompasado que produce un grupo de extravagantes con aspecto paradójico, provistos de tambores e instrumentos raros, es cada vez más invasivo. Casi todos caminan moviéndose al compás. También yo agito la cabeza siguiendo el ritmo, no me lo propongo, simplemente actúo como un zombi al que se le despojó  de la voluntad.
...(...)



    (Pieza única. Año 2013. Medidas: 80 X 57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

jueves, 24 de noviembre de 2016

"LOS CARDENALES VAN AL SUR"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)

Caminarás entre piedras y polvo, pero tu mirada siempre virará hacia arriba, hacia donde no ven los rastreros, hacia donde puedes ubicar deidades. Ahí te sientes grande…Ahí eres pequeño… Ahí eres imperceptiblemente inmenso...


         (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 54 cms. Precio $.600 dólares americanos)


domingo, 13 de noviembre de 2016

"LIBIDIFLOR"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)

Ya no hay tiempo ni espacio. Sólo queda una profunda y sombría depresión donde no cabe más que la desesperanza. Apenas si puedo captar una que otra letra de las palabras de aliento que los AJENOS susurran: "Hay un jardín afuera… hay peces de colores surcando un cielo azul… hay amores luminosos aguardando tu miedo..." Como si las voces huecas pudieran fabricar las endorfinas que me fueron negadas ¿Crees que una hembra estéril podría parir sólo porque le soplas esperanza al oído?
*-Es cierto, ella está físicamente incapacitada de concebir, y tú no tienes la capacidad de ser feliz. Tu química vital te lo negó.
Así es, amigo ESPEJO… y tú tampoco tienes capacidad para detenerme, solamente puedes observarme. Con permiso… debo seguir cayendo.




     (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

"NAM ATOM PATHETIC"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)


Cada paso que doy me demanda mayor esfuerzo, y aunque podría reírme en su cara y hacerle bromas a la muerte, lágrimas en mí afloran al sentir agarrotadas mis piernas y al no poder contener este temblor de mis manos. Mi magia se está yendo como el humo de mi cigarrillo que aunque barato y modesto, intenta vanamente devolverme mi frescura de superhombre, ese descaro ansiado que no me permite evidenciar mi fragilidad y que me anima a seguir fingiendo, que me alienta a continuar entre esta polvareda incierta, inventándome musas que a la carrera, se van alejando de mí para inspirar a quienes ni siquiera necesitan inspiración pues desconocen lo que es jugar a ser dioses.


         (Pieza única. Año 2010. Medidas: 80 X 50.5 cms. Precio $.600 dólares americanos)


miércoles, 9 de noviembre de 2016

"LA REINA LAGARTA SE QUITO LA PIEL" (Video)

Video que muestra parte de mis obras pictóricas sobre el fondo de la canción de mi autoría en composición y arreglos musicales, "La Reina Lagartija se quitó la piel", la cual es parte de la discografía de mi otrora banda "Brebaje", donde ejecutaba la guitarra líder.



viernes, 4 de noviembre de 2016

"HACEDOR DE DESTINOS"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)


(Extracto del cuento: Cap 3, Libro "Delirios del Lirio")
¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es este? No sé qué o quién soy. La oscuridad me envuelve, tengo frío, tengo mucho miedo; ni siquiera puedo saber qué aspecto tengo pues no logro distinguir nada. Quizás esté muerto y sin embargo no recuerdo haber nacido. Palpando puedo notar que poseo un cuerpo. ¡Sí,  tengo piernas y brazos!
 Me da pavor tocarme el rostro, me aterra darme cuenta qué soy pero asimismo me angustia esta soledad. Estoy recostado sobre una superficie muy dura. Debo ponerme de pie, me falta el aire, estoy empapado en sudor, un dolor insoportable me oprime el pecho. Debo pararme, mi instinto me dice que al hacerlo, menguará este sufrimiento. Mi desesperación me impulsa a erguirme, tomo envión y lo hago. La proximidad de la locura me indica que dé unos pasos, que huya, no sé de qué ni hacia dónde pero es necesario moverme. ¡DIOS! Mi tobillo derecho está fuertemente sujeto al lugar por un cordón que me lastima. Intento librarme pero todo esfuerzo resulta inútil, está muy ceñida mi atadura y resulta imposible liberar mi pie... ni modo. Bien, hay algo en mi interior que me dice que toda situación extrema requiere de una solución extrema.
Con las manos hurgo en lo que debe ser mi rostro. Descubro que tengo boca y dientes. Sin dudarlo me siento en el piso y curvando mi tórax, mi boca logra alcanzar mi pie. La primera dentellada me arranca dos o tres dedos. El dolor es intenso, no obstante debo soportarlo. Preciso alejarme del lugar pero esta ligadura me lo imposibilita. Continúo infiriéndome mordiscos, desgarrando músculos, huesos y tendones hasta que consigo zafarme de esta maldita atadura. No se hacia dónde pero debo moverme, debo alejarme de aquí…¡Pero ya!
Empiezo a caminar, mas aunque me invade la desesperación, lo hago con prudencia, temo golpearme. Sólo me guío por una brisa gélida que voy tanteando, es fría pero esperanzadora. Me doy de cabezazos contra las aristas e irregularidades de las paredes y el techo, entonces desisto de mi postura erguida, mejor avanzar a gatas y con una mano delante en pos de  precaver nuevas colisiones. Aun así, sin poder ver ruta ni destino, avanzo muy de prisa.
La brisa gélida se potencia y aunque estoy tiritando de frío, es estimulante saber que ese vientecillo helado que cala mis huesos proviene de algún lugar que tal vez sea mi única posibilidad de huida. Estoy cada vez más cerca, lo sé. El frío lacera mi piel desnuda, entonces no siento dolor en el desgarrado muñón que quedó donde antes hubo un  pie derecho...(...)...





       (Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)

martes, 1 de noviembre de 2016

"LAMENTACIONES"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía (Derechos de autor, protegidos)


Tengo la letra de aquella canción, traspapelada en alguna parte de mi memoria, pero no puedo recordar dónde. Recuerdo que hablaba de la niña delgaducha que conocí en sueños, de sus trencitas azules y de cómo se agitaban al viento cuando bailaba entre copos de nube. Cabriolas por aquí, piernitas de garza por allá, y volteretas bañadas de gracia y candor. Siempre de la mano del dictatorial ritmo y melodía, que llegaban como ecos desde la luz misma; esa luz que, complacida, alumbraba el rostro de la niña, para luego reflejarse en destellos transitando por sus simpáticas trencitas de intenso color azulado. Ese azul profundo que tiñe el cielo cuando se adentra la noche.
Siempre fue así entre la fugaz eternidad; hasta el día en que la luz se extinguió y ya no hubo más baile. Las piernitas que antes apenas proyectaban dos líneas por sombra, ahora están quietas, y el cuerpecillo de anguila, cesó repentinamente su menear; las trencitas azules no volvieron a bambolearse… Sentada en un oscuro rincón, con las trencitas deshechas, espera que el tiempo pase. Hoy es una mujer… Ha dejado de ser niña.



    (Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 60.5 cms. Precio $.600 dólares americanos)