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sábado, 20 de agosto de 2016

"RUMOR BOHEMIO"

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía 
(Derecho de autor, protegido)





Artifex levantó la mirada hasta donde se lo permitió el techo del incomodo cubículo en el que había permanecido en posición de cuclillas desde cuando su memoria podía recordar. Sus piernas estaban entumecidas, y en sí, todo su cuerpo se mostraba débil, más su mente pugnaba por evacuar lo que durante todo ese tiempo había almacenado. Ahora estaba lleno de ansias y eso le dio la suficiente fuerza para, de un tirón, fragmentar la cadena que lo hubo mantenido cautivo en ese sucio, asfixiante y oscuro rincón.
A gatas y a tientas, Artifex se deslizó por el estrecho pasadizo hasta llegar a la entrada ¡Qué hermosa se veía la luz de la luna colándose por entre los barrotes que sellaban la entrada! Sus manos acariciaron una a una las barras de hierro, como si se tratara de un ritual, hasta que de pronto, omitiendo su debilidad, tensó sus músculos y tendones y de un empujón derribó la reja.
Afuera hacía frío, pero aun así se le antojaba delicioso. El aire era una caricia para su piel, y la visión de la aldea que se cobijaba metros abajo, en las faldas de la montaña, lo hacían sentirse cómplice de la noche y el viento. Ese preciso instante, era el momento para extraer las ideas que durante la pasada eternidad se agolparon en su mente. Lo que abundaba en su entorno eran rocas y Artifex empezó a acarrear rocas, apIlándolas con el frenesí y  
la prolijidad que había conservado para la ocasión que en todo momento supo esperar.
Cuando creyó haber concluido con su obra, se detuvo a observar la estructura que sus manos, en sociedad con su creatividad y sus ímpetus, acababan de parir. Así estuvo durante muchas horas, contemplando y dialogando con su flamante creación casi en un susurro, como si temiera que el sonido pudiera echar abajo.
Las sombras nocturnas principiaban la huida dando paso al amanecer, cuando Artifex se dio un mordisco en el dedo índice de su mano derecha, haciéndole sangrar profusamente. Con el dedo bañado en sangre y cual si fuese un pincel, Artifex trazó con su propia sangre la palabra “ARTE” en una de las rocas centrales de la estructura pétrea, luego se sentó a un costado a esperar que la gente de la aldea iniciara las faenas del día.
Cuando los aldeanos salieron de sus casuchas, no tardaron en notar las piedras que Artifex había apilado con tanto esmero, corriendo la voz a los rezagados que, ante el barullo, iban prorrumpiendo somnolientos, pero curiosos.
El corazón de Artifex latía a mil pulsaciones por hora, amenazando con desbocársele, producto dela ansiedad. La primera reacción de la muchedumbre fue el silencio, hasta que alguien soltó una risotada. A continuación, las risas de todos los presentes se unieron grotescamente, burlándose de Artifex y su obra.
Artifex no lloró aunque ganas no le faltaban. Confundido y descorazonado, se encaminó a la entrada de la gruta, se agacho para deslizarse al interior, y así, arrastrándose, retornó al lugar donde estuvo cautivo tanto tiempo… 
Jamás, nadie, volvió a saber nada de él…

(Dedicado a todos los artistas del mundo)









  (Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 54 cms. Precio $.600 dólares americanos)


"VIENTO, POLVO...Y TU NOMBRE"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derecho de autor, protegido)





Bienvenidos a este universo delirante donde podemos jugar a ser pequeños semidioses y, con una poca dosis de demencia, crear juntos esos munditos fantásticos en nuestro subconsciente, para retozar entre ellos, mientras  hurgamos un poco cómo somos allá adentro...



   (Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 47 cms. Precio $.600 dólares americanos)

"OBSEQUIO PARA JULIUS"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)




Cual si fuera un ritual, llevaba varias horas peinando su larguísima melena color azabache. Era una sensación en extremo excitante y placentera. Ahora sus cabellos impresos de sedocidad caían sobre sus espaldas y senos desnudos, haciéndole sentirse acariciada, seducida; poseída por un gozo con ribetes masturbatorios. Estimulada por esos roces, empezó a girar su cabeza en sentido horario, cada vez con más frenesí. Sus manos ansiosas no tardaron en empezar el toqueteo de sus turgencias, ampliando su auto satisfacción… hasta que sus labios exhalaron un ¡Oh! Largo y profundo. Se puso de pie, recogió su cabellera en una larga cola, más no la ató a su nuca, sino a su frente, dejándola caer cubriendo su rostro y parte de su pecho.

Así, a ciegas, se dirigió hacia el umbral. Afuera aguardaba una silenciosa multitud de seres con cabeza de equino. Cada uno de ellos portaba colgada al cuello una larga y almidonada corbata color rosado, que contrastaba con sus desnudas pieles en tonos verdes. La ninfa caminó entre ellos, a través de la improvisada pasarela, con la cabeza gacha y lo más recondito de su humanidad expuesta. Sólo llevaba cubiertos, el rostro con su cabellera atada por encima de su frente, y sus piececillos con unos altos tacones, también color azabache.

Los cabeza de equino, con los ojos y boca desmesuradamente abiertos, y babeando de lujuria, siguieron con la mirada el paso bamboleante de sus carnes.
Aquella noche la ninfa se sintió Reina, pero a la vez, se sintió la más sucia bajo el cielo…

   (Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)

"LAS BOTAS DE BACO VIAJABAN EN CIRCULOS"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derecho de autor, protegido)





Aquel burrito celeste con pequeñas e inútiles alitas de murciélago, que llevaba pinceles atados a sus patitas y que correteaba de aquí para allá por su mundito imaginario, garabateando cuanto camino le tocó recorrer, ahora tiene las patitas heridas... Pero aún garabatea por doquier.



   (Pieza única. Año 2011. Medidas: 80 X57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

"MEJILLAS EN MARZO"


Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía
(Derecho de autor, protegido)





Camino tomado de tu mano sin avizorar rumbos entre la pletórica negrura del allá. Eres mi mirada transversal, mi norte; dime dónde y allí estamparé mis huellas. Estoy orando y por ello me permites seguir respirando… ¡Gracias! Estas manos que querían enmudecer se han hecho parlanchinas de tu grandeza. Allí voy aunque no vea el lugar al que me llevas. Tú dictas mí mañana; tú diseñas mi siguiente minuto. Ya no temo dar mi siguiente paso, pues ahora camino tomado de tu mano… ¡Amén!


   (Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 61 cms. Precio $.600 dólares americanos)