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jueves, 25 de enero de 2018

BIENVENIDA A LA COFRADÍA

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegidos)
 Cap IX del libro "Delirios del Lirio"




El anciano alquimista llevaba días sin salir de la “guarida-santuario” que le servía de laboratorio. Era un sabio cuyo conocimiento abarcaba innumerables ciencias y artes. Además de alquimista era arquitecto, escultor, astrólogo, astrónomo, médico y sobre todo, un inventor de sueños. Era, causalmente, el proceso de convertir en realidad uno de esos sueños lo que lo mantenía absorto y obsesionado, tanto que ni siquiera malgastaba el tiempo en dormir, alimentarse o re-hidratarse y sin embargo sus capacidades físicas y mentales no parecían mermar. Trabajaba sin cesar, poniendo entusiasmo y energía.
Sobre una gran mesa se hallaba un coloso de arcilla que él, con sus propias manos, había ido moldeando y dando forma como lo había hecho con otros tantos seres de barro a los que con ciertos artificios dotó de vida…vida vacía, vida carente de sensibilidad, dejándolos luego en libertad para que vagaran por el mundo como testimonio de su magia y poder.
Pero este coloso sería diferente. Quería hacerlo pensante, quería darle un cerebro que por básico que fuera, le sirviera para procesar algunos conceptos. Del mismo modo, tenía pensado diseñarle un corazón en el cual instalarle emociones. En ese propósito radicaba su insistente dedicación. El cerebro, prácticamente lo tenía listo. Construyó una esferita de cristal de unos doce centímetros de diámetro y dentro de ella condensó una replica de varias de sus propias experiencias, visiones y recuerdos, valiéndose de un enmarañado conjunto de diminutos procesadores, cables y receptores que minuciosamente iba conectando a una red más extensa distribuida a lo largo  del grandioso cuerpo de arcilla. Ambicionaba que su criatura tuviera la capacidad de enviar órdenes desde su precario cerebro hasta las partes más distantes de su anatomía y bilateralmente, captar información desde cualquier célula de sus órganos hacia el cerebro.
El dolor físico, lejos de ser un castigo, es un mecanismo de protección y defensa que tiene como finalidad advertirnos que algo nos está dañando. Esto lo tenía muy claro el sabio alquimista ya que sus anteriores criaturas, carentes de esta sensibilidad, generalmente acababan auto-destruyéndose, lo que representaba materia prima y tiempo-trabajo desperdiciados.
Yo, desde mi posición de simple asistente y espectador, me limitaba a alcanzarle una que otra herramienta, secar de vez en cuando el sudor de su frente y observarlo con la devoción y éxtasis que provoca ver a un creador en el arduo afán de fabricar un sueño. Siendo también yo un soñador, podía entender y comprender su afanosa urgencia por lo onírico.
Recuerdo que en alguna de mis anteriores vidas conocí, me enamoré y con el correr del tiempo, amé intensamente a una linda niña escarabajo pero por esas encrucijadas a las que nos enfrentamos por obra del destino, la perdí y desde entonces renací cientos de vidas. En cada una la buscaba, anhelando hallarla para volver a adorarla. Hoy siento que esta existencia se me está acabando y sigo sin encontrarla. Estoy viejo, agotado, casi no puedo caminar mas eso no me privará de seguir soñando con ella, aún despierto… o mayormente despierto.
Pero volvamos al alquimista. Llegado el momento de comprobar el funcionamiento del cerebro instalado en el coloso de arcilla, los resultados se vieron coronados por el éxito. La criatura tenía iniciativas propias y cada milímetro de su cuerpo era sensible a los estímulos externos pero faltaba dotarle de sentimientos. Para subsanar esta falencia, el  sabio diseñó un complicado fuelle para que, en reemplazo de su corazón, bombeara sangre en un circuito interminable por todo el organismo del coloso. Esto sí que fue un magnífico logro de la ingeniería mecánica y también un fracaso rotundo pues no consiguió su propósito: proveerle de emociones. Como corolario de esta frustración, el sabio alquimista quedó sumido en una profunda depresión acompañada de un mutismo que  cada tanto rompía para decir:
-Sólo un corazón humano es capaz de albergar emociones y sentimientos pero ¿Dónde   hallar uno?
Pasaron varias semanas de verlo cabizbajo y desilusionado, consumiéndose en su desesperanza. Un día me le acerqué, me arrodillé ante él y lo abracé.
-Yo tengo el corazón que necesitas para tu hombre de arcilla- Le dije mientras acariciaba su canosa cabellera.
 -¿Dónde está?- Exclamó el sabio alquimista poniéndose de pie de un brinco.
-Lo tengo aquí, en mi pecho. Te doy mi corazón para que lo pongas a tu coloso de arcilla. Colócame el fuelle a mí, si al fin y al cabo no tengo a quien amar y mis emociones sólo sirven para mortificarme.
-¡Te has vuelto loco! Sería como arrancarte la humanidad, no puedo hacer eso…
-Ya no lo necesito, Maestro. Mi vida se redujo a alcanzarte las herramientas, secar el sudor de tu frente y mirar cómo fabricas sueños.
Finalmente lo convencí y el sabio alquimista extrajo mi corazón para colocárselo al coloso de barro y me puso a mí el embarazoso fuelle para que bombeara sangre a mis venas y arterias. Ello me liberó de la pena por el amor perdido de aquella preciosa niña escarabajo que conocí en una de mis primeras vidas.
Cuando miré a los ojos al coloso de arcilla, reparé en la inmensa melancolía que llevaba dentro de sí. El sabio alquimista me había ordenado llevarlo a la puerta, mostrarle el mundo y dejarlo en libertad para que en su peregrinar diera testimonio de que el gran fabricante de sueños continuaba vigente. Y así lo hice. Cerré la puerta  tras el coloso de arcilla y regresé a mi tarea de alcanzarle herramientas y secarle el sudor de la frente al sabio alquimista.
Al cabo de unos días me vi en la necesidad de ir por alimentos; sentado a la vera de la entrada hallé al coloso de arcilla con la misma mirada melancólica que tenía cuando lo despedí.
-¿Por qué no  has ido a recorrer el mundo?- le pregunté.
-Porque extraño a una preciosa niña escarabajo que no recuerdo cuándo conocí y amé y sin embargo, no hago otra cosa que pensar en ella.
“Amar es una condena pues el amor siempre va acompañado de sufrimiento. Si no amas, no conocerás la felicidad… pero tampoco sufrirás” Pensé mientras observaba su rostro apagado.
-Coloso, tú eres fuerte y tus pasos son largos. Si tanto la extrañas, deberías ponerte en camino e ir en su búsqueda. Esa preciosa niña escarabajo de la que me hablas, debe estar en algún lugar…acaso esperándote.
-Lo haré, sí, la buscaré, la encontraré… y la traeré para ti. A mi regreso quiero que me devuelvas el fuelle y yo te restituiré tu corazón- Dicho esto, el coloso de arcilla se puso de pie y se fue con su mustia tristeza, camino hacia el horizonte. En el lugar donde estuvo sentado, a la vera de la entrada, quedaron tres plumas blancas que el viento se llevó a su paso como jugueteando con algún recuerdo.
Cuando volví con los alimentos hallé al sabio alquimista muy entusiasmado.
-¿Sabes que he pensado crear una preciosa niña con cabeza de escarabajo para que nunca nadie se enamore de ella?

 Seguí alcanzándole las herramientas y secando el sudor de la frente mientras  observaba cómo  iba dando forma a su nuevo sueño…


(Pieza única. Año 2013. Medidas: 80 X 57 cms. Precio $.600 dólares americanos)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Fenomenal maestro tu forma de manejar el subrrealismo en tu narrativa exelente trabajo saludos cordiales de tu amigo Thor azgar

Myriam Jara dijo...

ES UN MAJESTUOSO RELATO, QUE YA LO HABÍA LEÍDO, PERO SIEMPRE ENCUENTRO ALGO NUEVO, AÚN SI LO LEYERA MIL VECES, TAL VEZ PORQUE LOS SENTIMIENTOS VAN MUTANDO TANTO COMO LAS VIVENCIAS. ES CLARO, EN ESTE RELATO, MUY BIEN ACOMPAÑADO POR LA ILUSTRACIÓN, QUE EL HOMBRE NO PUEDE MANIPULAR AL HOMBRE, NO PUEDE PONER NI QUITAR NADA DE LO QUE SU CORAZÓN ALBERGA PUES EL RESULTADO SERÁ UN ETERNO FRACASO. GENIAL, COMO SIEMPRE!!!

Oswaldo Mejia dijo...

Thor azgar. GRACIAS POR VENIR HERMANO MIO.

Oswaldo Mejia dijo...

Myriam Jara. TAMBIEN PARTICIPASTE EN LA CORRECCION Y EDICION DE ESTE LIBRO, ASI ES QUE EN PARTE, TAMBIEN ES OBRA TUYA. GRACIAS POR ESTAR.

Lucia Fernandez dijo...

Eres un gran loco. Un demente creador de sueños. Estoy asombradisima. Te adoro.

manolo dijo...

Excelente Oswaldo, muy buena y diferente definición del amor,no puedes poner sentimientos a alguien que no siente, lo que no nace no crece

Oswaldo Mejia dijo...

Lucia Fernandez. VA PARA TI CON TODO MI CARIÑO. TE ADORO.

Oswaldo Mejia dijo...

manolo. HERMANO MIO. GRACIAS POR VENIR, LEER Y COMENTAR.