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jueves, 7 de julio de 2016

"LOS GUARDIANES DEL LLANTO"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derechos de autor, protegido)






Somos “La Esperanza Desesperada”, no existe en nuestra memoria el estigma de la resignación. Alguien escribirá que anduvimos hacia un norte equivocado, pero nadie dirá que pusimos brazo sobre brazo y nos confiamos a esperar la llegada de la Señora de la túnica, la que con su pestilente aliento se lleva amores, alegrías, nombres ilustres y recuerdos de buenos momentos ¡¡Nooooo!! Rasgaremos el vientre de la tierra y repartiremos dentelladas amenazadoras al viento, más cuando llegue el momento de volcarnos al foso, nuestra mirada estará quieta, serena y fija ante las cuencas vacías de esa enigmática y fúnebre presencia… Porque tanto tú, yo y todo este puñado de locos, somos “La Esperanza Desesperada”






     (Pieza única. Año 2013. Medidas: 80 X 60 cms. Precio $.600 dólares americanos)



"LUCES PARA DADA"


Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derecho de autor, protegido)






¡Llama! ¡Grita! ¡Invoca!... ¡Luz, luz, luz!... Y el candil eres tú… aunque mis letras hayan quedado huérfanas de ti ¡Báñame en tu resplandor! ¡No me dejes siendo un número!… Más mis aullidos no logran profanar tus tapiados oídos.




(Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 59 cms. Precio $.600 dólares americanos)

"LOS CONVIDADOS DE MEDIANOCHE"

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía 
(Derecho de autor, protegido)







El campo es vasto y estéril, tan reseco y cuarteado como la misma piel de Satanás. Cada una de las grietas es gigantesca y huele a heridas del alma. Es difícil pasar a través de ellas, por lo cual debo impulsarme y dar saltos, no hay otra manera.

La pequeña polvareda se hace más y más grande; como heraldo de su carrera trae a un diminuto astado, apenas del tamaño de un perro, pero de una furia enorme. Puedo ver sus diabólicos ojillos de fuego. Brinca cada grieta sin dejar de mantenerme en su mira-ya lo tengo frente a mí –

Estoy desnudo. Aquí, en SINCERIDAD, mi piel y la luz azulina que emano, son mi única vestimenta, mas la larguísima cinta amarilla que tejí con los cabellos de mi amada, me servirá para hacerle fintas y cabriolas mientras huyo de sus embestidas. Llevo todas las de ganar; mi cuerpo ya ha esquivado, en innumerables circunstancias, todo tipo de flechas, saetas, dardos y desventuras.

Pero… ¿Qué es ese ruido ensordecedor? ¡Todo el piso tiembla! ¡Siento pánico, quiero huir! Y sin embargo, sé que todo esto ocurre dentro de mi mente… ¡No puedo huir de mí mismo!
¡Dios mío, mi fobia primigenia! Hay mucha agua desbordándose, intenta cubrirlo todo, las olas vienen por entre las grietas como enormes lenguas de remolino, amenazando mi alicaída cordura.
¡Estoy paralizado, no atino a correr! Mis músculos no obedecen, y mi boca es incapaz de emitir una pequeñísima plegaria que me haga sentir mejor ¡Presiento que estoy a punto de moriiiiiiir!
El cielo se tornó gris, oscurece más y más, la negrura va devorándolo todo. Puedo verlo todo, soy el actor substancial de esta puesta escenográfica, pero tan sólo desempeño el rol de público. 
¡El cielo se tiñe de rojo, está sangrando! El torito con ojillos de fuego no cesa de embestir mis canillas y pantorrillas, llevándose, en cada cornada, jirones de piel, músculos y tendones; resulta quimérico gritar en busca de auxilio…¡Lógico! Si no tengo boca… ¿La tuve alguna vez?
El cielo sangra profusamente, al igual que mis piernas ante las incesantes arremetidas del diminuto astado. Me duele mucho, estoy asustado y tengo frío, mucho frío ¡No soporto más!
Ahora secas con devoción mi sudor y mis lágrimas. Lloro por mis piernas que se resisten a obedecerme… la luna brilla intensamente, tengo que esforzarme pues… debemos pasear…
Toma mi mano y caminemos…



(Pieza única. Año 2009. Medidas: 80 X 56 cms. Precio $.600 dólares americanos)